o/a cabeleireiro/a

Os primeiros dias sâo os mais longos

Tras una dura despedida, un vuelo tranquilo y un primer contacto con tierras portuguesas agradable, aquí vuelvo.
La llegada fue muy agradable, sobre todo teniendo en cuenta que, tras arreglar mi habitación (oh si, es un habitación estupenda), pude visitar algunas de las tiendas típicas y las calles comerciales, ya que los domingos aquí se trabaja. Lo que me dio la posibilidad de llenar mi nevera con alimentos.

#01: La fruta es muy muy muy barata

Tras un primer día de contacto con la ciudad, llegaba el momento de empezar el curso de português. Por suerte, es un idioma que se entiende bastante bien,  incluso hablado. Eso sí, tienes que concentrarte mucho. Apenas mueven la boca para hablar. No como nosotros, que abrimos y gritamos. Bocachas que tenemos.

#02: por primera vez, a un español le ponen directamente en el nivel avanzado de un idioma 

El horario tardío del curso de português hace que podamos tener tiempo por las mañanas para arreglar los millones de papeleos que tenemos que hacer antes de empezar el curso. Eso o puedes coger nuestra alternativa de “callejeamos y ya haremos el papeleo”.
Lo de callejear es maravilloso. Descubres tiendas geniales y puedes visitar tiendas que ya tenías en mente visitar. Entre ellas, hoy hemos visitado la clásica librería de Lello e Irmâo, famosa por su aparición en H. Potter. En las fotos parece impresionante, pero cuando la ves, entras y puedes tocar la madera y los libros, impresiona mil veces más. He cometido el error de no llevar la cámara, así que tengo pocas fotos (eso y que no se pueden sacar fotos en el interior).

Otra de las tiendas que hemos visitado hoy es A vida portuguesa. Sin duda alguna, gran parte de mi beca terminará ahí. Infinidad de productos típicos portugueses preciosos. Desde libretas, a latas de sardinas, aceitera o lana. Es genial. Además de los objetos, la restauración del edificio y la distribución interior de la tienda es impecable. Además, la ventaja es que estas dos tiendas están juntas.




Esto y muchas cosas más en un mañana. Y todavía faltaba dar vueltas buscando pisos para unos amigos. Así que hemos decidido cargar las pilas. Aquí es bastante fácil, solamente tienes que comerte una francesinha. Personalmente creo que una lleva ya todas las calorías que necesita una persona que vive en la Antártida durante todo un año. Es una bomba calórica que está buenísima. Sobre todo, si te la comes en un terraza típica del café piolho ancora d’ouro, la sensación aumenta por mil.

Después de una ligera (mentira, muy copiosa) comida, hemos ido a visitar algunos pisos en lo que podríamos denominar intentos fallidos de encuentro de pisos.
Un rato de llamadas y otro ratos de visitas ha hecho que la clase de português de hoy llegara sin todavía tener piso. Eso sí, hemos visto maravillas de pisos antiquísimos, de los que si he podido sacar alguna foto. Los balcones en Porto son tremendos.

Y, como no, para ser un buen estudiante erasmus me faltaba un móvil de alta tecnología. Hoy he podido adquirir uno, junto con un libro en Português de José Saramago. Quien mejor para empezar a coger soltura con el português

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